


En este refugio los huevos se convierten en renacuajos y los renacuajos en auténticas ranas. Llega el día, finalmente, en que el macho se alza sobre sus patas posteriores, abre la boca y mediante una serie de contracciones, expulsa a las crías una por una. Detalle curioso: el macho de la rana de Darwin no mide más de 2’5 centímetros de longitud; al nacer, los jóvenes alcanzan ya más de 1 centímetro. El nombre del género se deriva de que el hocico se prolonga en un apéndice a modo de nariz.











